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La venganza de la marginada

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“ELIZABETH, te advertí que no jugaras en el pasillo, mira, rompiste el florero. Ahora las dos se acuestan, castigadas. Que esto igual sirva de escarmiento a ti, Roberta”. Cada vez que Elizabeth, la favorita de mamá, se porta mal, la mujer le recrimina a ella y a Roberta, a pesar de que esta última es dócil y obediente. Mas esa noche cuando la madre sale del dormitorio, Roberta salta de la cama y la empuja por la escalera, creyendo, en su inocencia, lo justo que sería que a Elizabeth también se le castigue por algo que no ha hecho.
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Te quiero

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¿CUÁNTAS veces tendré la oportunidad de decirte que te quiero? Cada vez que te lo confieso parece el milagro de la última vez. Al principio era tan simple y tan recíproco. Pero basta un día o dos o tres o cuatro como mucho de ausencia, para desvelarme por los ladridos rabiosos de la jauría de la duda. Todo es incertidumbre. Me cohíbo. Quisiera abrir mi corazón, pero no puedo: el miedo, el ajetreo de la rutina, tus compromisos, lo impiden. Por eso concentro fuerzas. Para que la próxima vez (que puede ser la última) no nos quepa duda: te quiero.
Canción “Igual que siempre” - Jorge Drexler & Sergio Makaroff
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Carta desde el futuro: cambio climático (5)

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LO ENCONTRÉ dando vueltas entre la basura. En internet dicen que están desorientados por lo del cambio climático, porque se quedaron sin su hábitat. “Señor oso polar -le dije, no soy muy creativa- venga a mi casa”. Aquí apenas cabe pero, cariño mediante, preferimos aguantarnos la incomodidad. Además el señor oso solo pide peces. Unos treinta kilos debería comer; meta imposible para el bolsillo. Sin embargo más plata se nos va pagando la cuenta de la luz. Es que a señor oso le da por abrir la puerta del refrigerador y quedarse ahí, quieto, hasta dormirse. Quizás qué cosas soñará.
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Tu boca

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¡CÚANTO camino recorrido hasta llegar a un beso! Del comienzo del universo, pasando por partículas, planetas y galaxias. Miles de millones de años, hasta que las cosas cuajan y los organismos se reproducen y las sociedades se dificultan. Y mentes y cuerpos deseando entenderse para acoplarse. Entonces ¿por qué algunos llegamos a destiempo a la vida de otros? Si todo es razonamiento, lógica, física, y todo se puede explicar por medio de números, ¿dónde está la matemática que motiva a actuar al corazón que late sorpresiva, inoportunamente? Nadie sabe. Solo queda maravillarse. ¡Cuánto camino recorrido hasta llegar a un beso!
Canción "Inoportuna" - Jorge Drexler
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Pónganse de acuerdo

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AHORA es al revés. Ella considera los piropos como una agresión sin matices. Alega por los que son groseros y también por los finamente elaborados; de esos que podrían ganar concursos. Y entre más cursis, cuanto más desprendan un tufillo poético barato, más le violenta la intención del hombre por querer meterla, aparentando ternura y galantería como recurso. Él, su amigo, alza la copa y brinda por eso. Ya no la ama en secreto como antes, qué más da. Ella en cambio sí lo ama, y busca desesperadamente ser silenciada con algún piropo de su parte que desarme su discurso.
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El caso del Padre Alberto

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AL FINAL el Padre Alberto pidió traslado. A pesar de su juventud, tenía un alma vieja: creía en los valores cristianos como único modelo para transformar, por millonésima vez, el mundo. Por lo mismo era fácil ponerlo en jaque. De hecho le bastó el primer caso que atendió en el confesionario (una tarde de reemplazo), para cuestionarse colgar el hábito.
“Padre, mi marido resultó ser gay. Si mi hijo naciera homosexual ¿no sería mejor abortarlo antes para evitar su condena en el infierno?”.
No supo bien qué decir. Se comprometió a responderle al domingo siguiente, pero ese domingo se fue.
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El Gran Atractor

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HAY MÁS GENTE buena que mala. Aunque cueste creerlo. Por ejemplo cuando te toque desaparecer (todos fantaseamos con eso) ellos antes te avisarán. No sé dónde ni cuándo: únicamente los de “El Gran Atractor” saben cómo. Su factor sorpresa es decisivo: vas a comprar, vienes de una fiesta, saliste a fumar bajo las estrellas, da lo mismo, ahí te encuentran. Calma. No te van a obligar. Solo te ofrecerán una vida nueva. La que siempre quisiste. Y, de aceptar, te llevarán para no volver. Quedarás como egoísta pero serás feliz. Duele, pero a veces ambas cosas van de la mano.
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(Todo va) Acorde al plan

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LLEVO meses cesante. No es mi culpa. Me hicieron magia negra. Las energías negativas entorpecieron mi vibración lumínica. Todo empezó cuando engañé a mi pareja. Una supuesta "amiga" conjuró en mi contra y afloró al demonio de la lujuria. Soy víctima. ¡Fui influenciado! Y con esa convicción, en el nombre de Dios, quemé su casa. Merecido lo tiene. Ella abrió un canal para que otras brujas me usaran para fines oscuros.
Ahora escapé al sur. Mi familia me entiende y me consuela: no aporto económicamente donde vivo y mi esposa, a pesar de los cuernos, me ama más que nunca.
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El bastón

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"¡MIRE, sí existe la vida después de la muerte!". La vieja, a pesar de su cataratas, abrió ampliamente los ojos: es cierto, al bastón de su difunto esposo le creció una petunia. "¿Recuerda? -dijo la nieta-, si al bastón le sale una flor, es señal de que sigue vivo. ¡Y cumplió!". Se abrazaron, lloraron y después rieron. "Pero no lo toque -continuó la nieta-, mejor dejémoslo sobre la repisa".
Esa noche la nieta recolectó más flores de jardines vecinos, y también los pegó al bastón con cinta adhesiva. No basta con que esté vivo: tiene que estar muy, muy vivo.
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El estuche

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POR SEGUNDA vez me robaron el estuche. Es bonito, es de marca. Le advertí a mi papá que me lo iban a terminar robando. Y así fue. Y sé quién fue: fue uno de mis compañeros haitianos. Me llegaron rumores. Y con fundamentos. No, no puedo. Es que si lo culpo, voy a quedar como un prejuicioso. Sobre todo ante los ojos de ella. Así que mejor lo esperaré a la salida del colegio, lo llevaré a un descampado, y lo cagaré a palos. Le voy a enseñar a este negro de mierda a no abusar de mi buen corazón.
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El cerdo

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SE SECÓ las lágrimas. Salió del bañó. Le ordenó al acusado levantarse y lo esposó. Junto con otro policía condujeron al inculpado de la estación al vehículo. A los pocos pasos de salir, se detuvo, desenfundó su arma y la apoyó en la sien del infanticida. Y ante la prensa gritó: “¡Tranquilos, no lo voy a matar!, aunque merece pena de muerte. Ni le voy a pegar, por eso de los derechos humanos y blablabla. ¿Pero cierto que parece un cerdo? (Con su otra mano le levantó la punta de la nariz). ¡Díganme que sí, dennos esa satisfacción por último!”.

Sola

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EL CALOR de estos días, de este verano sofocante, empujó a las arañas a salir de sus cavernas. No sabía que estábamos tan llenos de fisuras. En las paredes, en el suelo, por ahí se cuelan para atormentarme.Asegurarte que son muchas es poco: ¡son miles! Nos invaden. Te suben por los brazos, se desenredan del pelo, caen por tu hombro. No sé cuánta plata he gastado ya envenenándolas. Pero vieras tú el placer que me da verlas retorcerse. Y las maldigo en el acto, grito, pataleo, las odio. Solo las tolero de noche, cuando se pasean por mi entrepierna.
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1890

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NO HAY CASO. No me gusta esa especie de catalejo diabólico. Te captura el alma, ¿sabes? En serio, está más que confirmado. Te captura el alma y empiezas a morir deprisa. Más de lo normal. Por el bien de todos, espero que ese microscopio diabólico no prospere. ¿Te imaginas si en el futuro esto se masifica? ¡La humanidad va a desaparecer! Vamos a quedar atrapados en un papel y Dios, quién sabe cómo, tendrá que ingeniárselas para resucitarnos. Y quizás ni lo haga, por habernos entregado a estos avances científicos que solo traen desgracias.
Camina, hermana, no mires atrás. Vamos.
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Fin de fiesta

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DE UN TIEMPO a esta parte (perdí la cuenta), a unos vecinos les ha dado por enfiestarse cada día. No respetan ni los domingos, con esto creo resumirlo todo. Eso, hasta que hubo, minutos atrás, una balacera. No sé si los mataron o se mataron entre ellos. Tendrá que resolverlo carabineros, la policía de investigaciones, los fiscales, los cotilleos.
Yo llamaría a una ambulancia, ¡pero estoy tan a gusto ahora! Siento que en el mundo no vuela ni una mosca. Tranquilo, ha pasado un buen rato, de seguro otro ya lo hizo. Y si no, no lo culpo.
Buenas noches.

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El guapo

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ACTUALIZO mi perfil con las fotos de un primo. Tras su imagen me escondo. Pero ojo, que se esconde un buen tipo: conversador y receptivo, tierno, incluso misterioso; impredecible. Soy algo así como un osito de peluche pero con navaja. Cualidades como esas creí que habían conquistado a la niña con la que chateo.
Erré olímpicamente.
En nuestra cita me quedó claro. Ella esperaba al modelo de las instantáneas.
Ahora vamos rumbo a ver a mi primo. Ella, porque lo quiere conocer. Al parecer la tiene enamorada. Y yo, porque le quiero preguntar cuál fue su secreto. Cómo lo logró.
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Las posturas

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EL MENDIGO va camino a ese restorán que tira lo que sobra del día a la calle. Esta vez, cuando llega, encuentra a un ambientalista discutiendo con el dueño del recinto, acusándolo de ser un desalmado. “Porque únicamente un desalmado puede desechar alimento mientras miles pasan hambre”.  Solo están estos tres y un perro que ladra rabioso.
“¡Usted no entiende!”, le grita el mendigo al ambientalista para después empujarlo, muriendo instantáneamente.  “Don Alberto, él no entiende. Usted no es un desalmado”, dice ahora el mendigo, esperando ser recompensado con el doble de desperdicios de comida entre tanta tanta tanta comida.
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La maleza

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ASEGURA que si en Marte florecieran, por muy feos, atisbos de hierba, la humanidad, histérica, velaría por esa manifestación de vida a cualquier precio. En nuestro mundo, aunque abunde, la maleza es una excepción dentro del sistema solar. Y es por este respeto sagrado que la dejó crecer. 
Claro, eso asegura ella. Pero el motivo es otro, y es más chiflado porque concierne al corazón. Entre la maleza, alta, tupida, cree distinguir a su esposo revisitando el jardín que tanto amó. Se enteraran los hijos, ordenarían desmalezarlo todo y a ella internarla.

No. Este diciembre 31 no lo pasará sola.
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Oymyakón

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TE LLEVARÉ a Oymyakón para darnos ahí nuestro último beso. Tienes que tenerme paciencia, amor, pues de Chile a Siberia la cifra es grande en kilómetros y en dinero (por eso estoy ahorrando desde ya, desde hace mucho). Fíjate, el tiempo en Oymyakón avanza tan lento a causa del frío que se vuelve indistinguible del reposo absoluto. Viviremos algo así como en una burbuja existencial. Y te besaré y será eterno. Un beso tan pausado que, cuando volvamos a nuestro país (luego de unas horas), sea este un recuerdo tan largo por olvidar que te tome más de una vida.
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Constelaciones

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“HIJA, preocúpate de tu dormitorio. Mira esos juguetes. Y mira estos de acá: brazos, cinturones, zapatos. ¡Tu manía por desarmarlos! Levanta los peluches y ordénalos. ¿Qué hace la bicicleta aquí? Deja el caracol en su caja, que casi lo piso. La manzana si no te la vas a comer, me la llevo. ¡Qué increíble donde vengo a encontrar la tetera! Ya, cuando vuelva quiero todo todo todo en su lugar. ¿Entendiste?”.
Estela entendió pero no piensa obedecer. Tiene una amiga en el planeta Tierra a la que le encanta observar la disposición de este maravilloso caos repartido por el cielo.

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Me gusta

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SÉ QUE SOY FEA y sin embargo cuando actualizo mi perfil recibo comentarios del tipo “qué linda”, “me encanta ese peinado”... ¡Me tienen lástima, por eso lo dicen! Por esta razón me di un martillazo en los dientes. Ahora sí me veo monstruosa y a estos hipócritas no les queda otra que aceptarlo. Pero calma, que cuando recupere mi dentadura sé que el cambio será para mejor y sus halagos, al fin, sinceros.  Mientras tanto envío fotos mías donde salgo sonriendo de manera siniestra al correo de todos mis conocidos, para que no les quepa duda mi antes y después.
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Tragicómico

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ME INVITÓ a caminar a orilla de playa. “Ahora esto me hace sentir bien -me dijo cuando nos detuvimos a mirar el ocaso-: esto me llena de tranquilidad. Aprovecho igualmente para disculparme por todas las cosas que te robé”. Lleva un año sobrio, sin drogas sin alcohol sin fármacos. Incluso en sus crisis de abstinencia llegó a inhalar productos químicos domésticos, todo con tal de aliviar la carga de la existencia, tapar vacíos inconmensurables, engañarse. “Dame un atardecer y un café, y soy feliz”. “Pero cuidado -le advertí- que a la cafeína también uno puede volverse adicto”. Y se suicidó.

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La oveja negra

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ME GUSTA caminar y mirar las estrellas. Nadie en mi casa sabe de esta afición. Y como siempre me preguntan a dónde voy cuando salgo, a cada uno entrego una respuesta distinta de lo que hago por las noches. Por ejemplo, tengo convencida a mi mamá de que soy paseador de polillas; a mi papá, de que voy de reemplazo de Batman; y al venenoso de mi vecino, que soy prostituto, así, sin más. Cualquier cosa es válida antes que avisar que saldré a mirar las estrellas. ¡¿Quién hace eso?! Me tildarían de "raro", como mínimo, y no quiero preocuparlos.

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Burka

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¿CÓMO complacer a Dios, siendo él eterno? Quizás no podamos satisfacerlo nunca, pero redoblaremos nuestros esfuerzos para que premie, por último, el sacrificio. Yo, rey de Todonosmolestastán, apoyado por países como
Puedequehastarespirarseapecadostán & 
Nosotrosconfirmamosquerespirartambiénespecadostán,
decreto que el burka, usado por las mujeres para ocultar sus vergüenzas, se extienda a todo lo femenino. Por lo pronto, perras y gatas. Hagámoslo por el bien de Dios, que es propenso a la cólera. Por el hombre, que es propenso a la perversión. Y por la mujer, que es propensa a… No, la mujer no es propensa a nada. La mujer no tiene alma.

Dulce o travesura

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BIEN DE MADRUGADA, cuando el resto de los niños ya dormía, todavía se paseaba un muchachito, disfrazado de esqueleto, de puerta en puerta, en un afán insano por recolectar dulces o algo más entre los vecinos. Muchos de ellos, temerosos o indignados, no salían a atenderlo; otros, los menos, se interesaban por este actuar extraño y le recomendaban que se fuera a su casa para matar la angustia de quien estuviera esperando su regreso. Sin embargo este niño no descansaría en su deambular entre la niebla, esa noche fría, hasta que alguien, ante su pregunta “dulce o travesura”, respondiera “travesura”. 
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La prisionera

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POR CUARTO año consecutivo, le volvimos a celebrar el cumpleaños 86. La torta ardía por las velas. Pensé en voltearla, dejarla caer, y ojalá empezar un incendio y acabar con esta locura. Por suerte mi papá, antes de entrar al dormitorio de mi abuelita, me dijo: “Ahora me siento preparado”. Cuando ingresamos, la pobre vieja estaba acuclillada en un rincón, vestida de negro, como siempre. Al vernos, se arrastró hasta nosotros y, temblando, sollozó a nuestros pies. Él la levantó y la abrazó. “Ya mamá, hoy la dejo ir”. Y mi abuelita se evaporó entre los brazos de mi papá.
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El rey del drama

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CUANDO llueve, extiendo el paraguas, lo volteo y lo deposito en el patio, para que así se llene de agua. Y lo dejo inamovible, tal cual, hasta que termina el invierno. Ya en primavera, lo levanto y el agua contenida en su interior, en vez de caer de golpe, lo hace con calma, filtrada no sé cómo, como si lloviera. 
Generalmente solo llueve en invierno, como si la melancolía fuese patrimonio exclusivo de esa estación. Sin embargo las cosas malas se siguen sucediendo siempre, y en momentos así, aun habiendo sol, abro mi paraguas, me empapo y me siento completo.
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El juez New Age

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LOS ABOGADOS prefieren no ahondar en detalles para no enredar y alargar todavía más el juicio. Por consiguiente, a estas alturas, ya no se presentan nuevas pistas. Hay evidencias de sobra tanto para condenar como exculpar al acusado. Finalmente el juez le dice al sospechoso:
-No tenemos cómo saber si usted es el homicida, sin embargo ¿deseó la muerte de la víctima? -La verdad, sí. -Entonces es culpable, porque cuando deseamos algo con todo el corazón ese propósito se materializa, puesto que el universo conspira a nuestro favor. Lo condeno a que de ahora en adelante piense puras cosas lindas.
La ley de la atracción

Cucarachas

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POR LAS SILENCIOSAS avenidas de las capitales del mundo, se pasean naves extraterrestres. Han pasado décadas desde la Tercera Guerra Mundial, cuyo holocausto nuclear despertó una actividad volcánica que techó el cielo del planeta Tierra de ceniza; impenetrable al paso del sol.
Una lluvia tenue acaricia el traje del piloto de una nave, la que se posó sobre lo que parecen ser los restos de la torre Eiffel. Se arrodilla y se queda mirando una cucaracha muerta. “¿Por qué llora?”, le pregunta el copiloto. “Porque los seres humanos fracasaron en todo, incluso hasta en predecir la sobrevivencia de estos bichitos”. 
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Amor a primera vista

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SE BAJAN parte de los últimos pasajeros. El metro está por aproximarse a su paradero final. Es tarde. Es día de semana. Es agotador. Pero es primavera. Por los altavoces continúan reproduciéndose los nombres que anuncian las estaciones. Esto no desconcentra a los dos únicos ocupantes que, frente a frente, en sus asientos, se miran y no. Llevan varios minutos sonriéndose, imaginándose enamorados. Cuando el metro se detiene y abre, por última vez, las puertas, ninguno se levanta: él, en su cabeza, espera una respuesta a su invitación de vivir juntos. Ella no sabe si perdonarle sus escenas de celo.

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Rutina en la rutina

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SUENA el despertador, pero Eduardo ya está en pie. Incluso ya desayunó. Algo poco, té y pan. Lo suficiente. Deambula. Se vuelve a mirar al espejo, a acomodarse el peinado, a fijarse que cada cosa esté en su lugar. Se despide de su pareja, saca una maceta al jardín, y se retira. Es solo otro lunes más; con ese metro que exuda humanidad; esa tensión por llegar pronto a destino.
A eso de las diez de la mañana se aparece por un parque, se sienta, afloja su corbata, saca el teléfono móvil y se pone a buscar trabajo en internet.
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Branco

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LO INVITAMOS a pasear. Desesperado, loco como era, lo atropellaron al poco rato. Esa tarde decidimos enterrarlo bajo un árbol enorme junto a un río seco.

Semanas después recibí un whatsapp: “Perdón, amigo, por el espectáculo, pero es así como los perros planeamos nuestras partidas: simulando accidentes. Sí, somos muy convincentes. Intenta comprenderme: ahora adopté una familia que no me encierra en el patio y me hace cariño a menudo... Confío en ti. Sé que no contarás este súper-secreto a nadie. Como mucho, escribirás un microrrelato de dudoso gusto al respecto. Algo olvidable, tan típico tuyo, que no despertará sospechas”.

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